Nuestra historia

 

 

 ¿Alguna vez te has planteado cómo nace una idea, un proyecto? ¿Por qué alguien puede cruzar medio mundo para ayudar a quien lo pueda necesitar?

Esta es nuestra historia,  Sandra, fundadora de Semillas de Conciencia, nos habla de sus primeros viajes a la India:

 

Desde que recuerdo me acompaña un deseo: ir a India. No pensé que podría cumplirlo pero a veces la Vida te regala eso que anhelas y a mí me regaló cumplir un sueño. Así en octubre de 2015 llegué a India por primera vez. Me fui sola, no podía creer que por fin mis pies pisaran su suelo, mis ojos miraran su color, podía sentirla, oírla, olerla, recorrer sus ciudades. Delhi, Agra, Jaipur, Puskar. Estaba allí y ya tenía claro que volvería… Sí, no me había marchado pero sabía que debía volver.

En cada ciudad visitaba sus colegios, buscando la manera de poder ayudar a algunos niños , alguna familia,… Pensé la posibilidad de hermanar sus colegios con los de España, mostrar a los niños españoles la espiritualidad de la india y a éstos llevarles la ayuda material que necesitan.

Regresé a casa en Navidad, con la cabeza llena de ideas y unas enormes ganas de desarrollarlas, empezando por plantar semillas de conciencia en nuestros niños a través del yoga y la meditación. Comenzamos en un cole con 700 alumnos. Fué impresionante la respuesta de los niños y sus familias. Realmente se despertó en ellos la conciencia de ayudar a aquellos que tienen menos riqueza material pero tanta riqueza espiritual. Todos querían ayudar, pero legalmente no está permitido  recoger donativos  sin un proyecto consolidado, así que sin pensar volví a India en Febrero, a Delhi y de allí a Rishikesh, la ciudad del yoga, los pies del Himalaya, en el norte del país.

Encontré un colegio allí con muchas deficiencias, entré y fui a ofrecer mi ayuda al director quien me dijo que claro que podíamos colaborar con lo que quisiéramos: ordenadores, arreglar aulas, comprar

material,… ¿de cuánto dinero hablamos?… De pronto pensé: qué fue primero ¿la gallina o el huevo? No sabía cuánto dinero podría recaudar, primero necesitaba un proyecto pero para tener éste necesitaba el dinero.

No me daría por vencida. En Rishikesh busqué a Bhuwan, un hombre que ayuda desde hace años a niños de la calle formándolos en danza, yoga, música,…, muchos de ellos ya adultos trabajan por todo el mundo gracias a él. Le conté mi problema. Me preguntó ¿realmente quieres ayudar? ¡Claro que quiero! Ven conmigo, me dijo. Y así fué como montada en una moto durante 4 horas subimos a la montaña, ahora asfalto, ahora tierra, me llevó hasta unas aldeas donde viven montones de niños que no han leido un cuento ni coloreado, ni han visto papeles, ni lápices, ni juguetes. Entonces me dijo: Si realmente quieres ayudar consigue un autobús para que estos niños puedan ir a la escuela.

Sí, me enamoré de la idea. durante dos meses estuve conociéndolos, estudiando diferentes casos de niños y familias, las posibilidades de cosas que podríamos hacer para ayudarles.

Regresé a Málaga en abril, retomé el trabajo comenzado en los coles en España triplicando los participantes a 2100 niños en los meses de mayo y junio.

En un camino que no podía hacer sola,  encontré mis compañeras de un viaje que ni tienes claro cómo ha empezado ni sabes cómo vas a continuar.

Sin pensar, estábamos sembrando las primeras semillas de conciencia, gracias a que la Vida, Dios o Universo, sea cual fuere el nombre que quieran darle, pone a las personas y circunstancias en caminos que se cruzan.